Dia Internacional de las personas con discapacidad

Brandon, Diego, Thalia, Diana Fernanda, Eduardo, Alan, Aldo, Alonso, Aranza, Fabrizio, Ana Paula.. son algunos de los nombres de mis alumnos que en este día de manera concreta vienen a mi mente y corazón. Son historias de vida, de lucha, de dolores y alegrías por abrirse paso en este mundo pensado por y para personas sin discapacidad, escuelas con alumnos competentes en matemáticas, expresión oral y escrita, inglés, francés, alemán, etc.

Llevo más de 20 años trabajando en y para la inclusión de alumnos con discapacidad (intelectual sobre todo) en escuelas regulares, públicas y privadas, de un alto nivel  académico y de nivel medio. En todas estas historias hay un denominador común: los docentes regulares, el maestro del salón de clases ve la inclusión como un favor, como un privilegio de aquellos que reunen condiciones neurológicas o familiares aceptables, y no como un derecho de los niños con discapacidad que atañe a la escuela en su conjunto como comunidad, y por lo tanto hacen el compromiso por pasar del discurso a la acción.

Nosotros, los maestros especialistas somos los responsables de dicha inclusión en la escuela regular, somos los profesionales que sabemos "el cómo" de toda esta situación multifactorial. A algunos otros terapeutas (lenguaje, físico, etc.) se les busca para que nos digan como "normalizar" a ese chico en lenguaje, en su visión, su motricidad, etc.  Al psicólogo se le busca para que nos diga como mejorar la conducta cuando la frustración toma niveles muy altos y su única forma de expresarla son las conductas inadecuadas. Al neurólogo y paidopsiquiatra lo buscamos para ajustar dosis de medicamentos que coadyuven al aprendizaje y la estabilidad del sistema nervioso central.

Todo ello está muy bien, pero no ha sido suficiente. Hay un eslabón perdido. Podemos hacer muchas reuniones a favor de la inclusión de un grupo de alumnos con discapacidad o de uno solo... podemos echar mano de todos estos recursos de especialidades, y seguiremos trabajando en un enfoque rehabilitatorio, normalizador, donde la responsabilidad de la inclusión dependen del alumno con discapacidad y de su familia, no de la escuela. "Es que si los padres cooperaran, si lo llevasen a una mejor terapia, si el teletón les da más horas a la semana, si hubiese los recursos de tiempo y de dinero, es que si yo tuviera menos alumnos que atender, si la maestra de apoyo viniera mas tiempo a mi salón, si mi director me apoyara, si el programa fuese menos exigente en cuanto a preparación de materiales, si yo fuese especialista en síndrome de Down... " son entre muchos otros los comentarios que a diario se oyen en las escuelas regulares donde hay chicos con discapacidad ¿integrados?... la lucha es tan ardua, vivir picando piedra por parte de los padres que se comprometen,  es tan cansado, año tras año, que muchos optan por la escuela especial como la mejor opción para la educación de sus hijos.

Desde mi experiencia como maestra de grupo durante 10 años, y maestra de apoyo durante 16 años, ese eslabón perdido se llama lo que Carol Tom Amlison* llama "aula diversificada" y lo que la convención de las personas con discapacidad llama "el derecho a la educación". La Reforma Integral de Educación Bàsica menciona como Competencias para la vida, recalcando la importancia de aprender a vivir y respetar la diversidad humana de todos los alumnos, de todos los niveles, de todas las aulas en todas las escuelas. Este enfoque de la inclusión no es clínico, ni rehabilitatorio, ni asistencial. Es un enfoque que tiene como base el derecho a la diversidad, ese es su fundamento y no es cuestionable, no es negociable si se acepta o no a un chico con discapacidad en una escuela. Aquí es la escuela la protagonista de la inclusión, en concreto, el equipo docente y directivo. Aquí, la discapacidad intelectual de Aldo es un reto más,  que amplía el campo, la mirada, las estrategias para planear, trabajar y evaluar, tomando en cuenta esta condición específica, al igual que se toma en cuenta a Carlos, con hiperactividad, a Rogelio con aptitudes sobresalientes y a María que habla una lengua indígena, Ana que  llega sin desayunar a la escuela y Sergio que llega de una familia donde el padre es alcoholico y lo golpea antes de salir de casa.

Con esta perspectiva no cambia el trabajo de los maestros especialistas, terapeutas y familias. Todos tenemos mucho que hacer, mucho que aportar desde nuestro "saber hacer" para mejorar las habilidades y desarrollar todas las potencialidades de nuestros alumnos con discapacidad. Lo que cambia es la mirada en conjunto, cambia el "para que" y el "por qué" del quehacer cotidiano. Si cambio mi mirada hacia la diversidad de los alumnos, como docente, cambiarán mis maneras de planear mis actividades, de proponer situaciones didácticas, de establecer los indicadores de evaluación, de buscar estrategias para que TODOS los alumnos de mi grupo puedan conectarse en este dia de trabajo, con los aprendizajes esperados que me marca el programa, la curricula oficial.

De entrada, ya no voy a esperar que todos hagan lo mismo ni aprendan al mismo tiempo, de la misma manera. Mi mirada será más amplia: unos aprenderán sentados en la banca, mirando al pizarrón, otros lo harán mientras leen en el libro y contentan un cuestionario en el cuaderno. Habrá otros que lo harán dibujando y cantando. A los introvertidos les preguntaré que piensan, para que al escucharse aprendan de lo que han observado. A los extrovertidos les preguntaré que sienten, para que hagan un espacio de reflexión y recapitulen toda su actividad.

Y de entrada, dejaré a un lado el trabajo individualizado como el marco rector de mi quehacer docente. Porque se que en la diversidad de mi alumnado, hay una riqueza, no una amenaza. Por lo tanto aprenderé a favorecer el trabajo en equipos divesificados. Con muchas habilidades y posibilidades de complementariedad, no de competencia individual. Las estrellitas individuales y el cuadro de honor individual pasarán a la historia. Ahora serán los equipos los que traten de ganar la carrera por el mejor aprendizaje. Y en esta dinámica de necesidades por resolver que pongan en marcha las competencias, aquí es donde Aldo y Fabrizio, los dos con síndrome de Down, uno que se comunica muy bien oralmente, el otro que lo hace por gestos, aquí si hay lugar para que ellos tengan cabida, para que aprendan en ese momento, del tema en turno, diversas habilidades y conocimientos significativos, desde el compartir materiales hasta el aprendizaje de un concepto nuevo o una palabra nueva, o un proceso nuevo para ellos, aplicable a sus vidas.

Hay muchos maestros regulares, y de apoyo, que no salen en las noticias, que sé que están trabajando por avanzar en esta dirección del aula diversificada. A ellos en este día, agradezco todo el aprendizaje compartido. 
Que sirva de aliciente para los muchos que aún se resisten a hacerlo.

* Tomlinson, Carol Ann, El aula diversficada, España, Octaedro/CIDE, 2001



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