Algunas ideas sobre inclusión educativa

El pasado mes de junio, asistí a un coloquio sobre inclusión educativa desde la perspectiva de varios profesionistas que viven en México actualmente y son de otros países de origen: España, Chile, Inglaterra, Francia, Estados Unidos y México.

 Lo organizó Cecilia Rosales, psicoanalista que trabaja el tema de la discapacidad y las emociones, dirige “Discapacitarte”, y es madre de una niña maravillosa que se llama Elisa, una niña con Síndrome de Down super sociable, con un don de gente maravilloso, pues cae muy bien. La familia de Elisa, inicia con el programa de inclusión en una escuela bicultural en el sur de la ciudad de México hace 10 años. En el colegio optaron por un modelo de inclusión total, es decir, los niños con discapacidad están en todas las clases, incluidas las materias en inglés.

Actualmente Elisa está terminando 4º de primaria, con buenos resultados, y el coloquio fue conformado en su mayoría por profesores del Colegio “The Churchill School”, quienes conocen cómo se vive la inclusión educativa en sus respectivos países. Comparto algunas ideas relevantes de cada uno de los participantes:


Una de las actuales maestras de Elisa, quien imparte las materias de español, explicó que en 1º de primaria se trabajaron con la niña las rutinas cotidianas, su ubicación en el grupo, el conteo del uno al 10, así como la comunicación y la lucha con sus compañeros para que la entendieran y no la sobreprotegieran.

Poco a poco se ha ido avanzando en los procesos de aprendizaje y el gran logro de la inclusión de Elisa es que sus maestros han entrado a trabajar en la diferenciación de la metodología dentro del aula. La diferenciación en el programa, en las estrategias, en la evaluación no es otra cosa que la inclusión llevada a la acción.

 “The Churchill School” no es una escuela privada que acepta todo tipo de niños con discapacidad; sin embargo, poco a poco se ha abierto más allá de la inclusión de niños con discapacidad intelectual, para integrar a niños con trastornos del desarrollo y del espectro autista. La Coordinadora de Educación Inclusiva expresó respecto a este punto lo siguiente:

 “Cuando recibimos un niño o una niña con discapacidad, necesitamos un diagnóstico previo que indique cuál es su perfil de aprendizaje en cuanto a fortalezas, necesidades, etc. El diagnóstico no es una barrera que etiquete, sino un reconocimiento de la persona que nos da pautas para trabajar. Para reconocerlo como persona no puedo negar que es un niño con características del espectro autista o que tiene discapacidad intelectual, hay que reconocerlo en su realidad para poder incluirlo verdaderamente, no hacerlo bajo el lema de tratarlo como a los demás, pues esto sería como borrar su individualidad.” 

También explicó que la escuela trabaja con un maestro de apoyo en cada área: en español, en matemáticas, en ciencias, etc. Además está un psicólogo y las asistentes educativas. Este equipo y la dirección apoyan a los maestros de grupo para hacer las adecuaciones curriculares. Al inicio los maestros requerían mucho apoyo para lograr este objetivo, pero poco a poco se han vuelto capaces de hacerlo por sí mismos y los apoyos son para todo el grupo, enfocados a la diferenciación y no al niño con discapacidad (esto es la verdadera inclusión educativa).

Después, otros maestros de esta escuela compartieron la experiencia que han vivido en sus países:

Una maestra compartió que vivió en San Sebastián, en el país Vasco (España), y algo que le impactó fue ver numerosas personas con discapacidad en la calle, atendiendo puestos de lotería, de periódicos, trabajando en los pequeños supermercados, en la administración pública; la inclusión comenzó en las aulas de las escuelas regulares y poco a poco se fueron creando políticas públicas para llegar a la inclusión laboral (el gobierno local exige a la iniciativa privada cierto número de plazas para personas con discapacidad). El ejemplo de Pablo Pineda, primer licenciado en Pedagogía con síndrome de Down en el mundo, no es un logro de un chico que hace una carrera universitaria, es un logro social, porque nos dice como sociedad un mensaje contundente: cuando uno vive la inclusión hacemos que los otros vean que es posible, que es normal, y eso se contagia.

Con respecto a Francia, una maestra nos compartió que la Ley General de Educación del 2005 permitió dos cambios importantes en la inclusión educativa: los niños con discapacidad tienen derecho a ir a la escuela más cercana a su casa y recibir los apoyos necesarios; mientras que los padres de familia participan en el Proyecto Personalizado de Escolarización (PPS). Asimismo, se abre un Centro de Orientación para cada departamento o estado del país (Maison départ des personnes handicapés) en total son 90 centros, que acompañan los procesos educativos de las personas con discapacidad y sus familias. La escolarización en el medio ordinario va en aumento, actualmente hay 225,560 estudiantes en escuelas ordinarias y cada año esta cifra aumenta 11%.

Un maestro de inglés originario de Inglaterra nos comentó que en su país la educación de un niño no debe estar determinada por condiciones que se encuentran fuera de su control, como es la discapacidad, y en estos casos la inclusión educativa permite romper las barreras que impiden que cada alumno desarrolle todo su potencial. Los maestros regulares aprenden a ver a cada alumno en su propio proceso, más allá de la edad cronológica, ver sus progresos en relación consigo mismo, tanto en lo académico como en lo social.

Por otro lado, una psicoterapeuta de Chile indicó que de cada 100 estudiantes con discapacidad que egresan de la educación básica o especial, solo 20 se insertan laboralmente. Ella nos cuenta la historia de Andrea Bosso, bibliotecaria de 43 años en un colegio de Santiago, con Síndrome de Down. Su familia la trató siempre como un sujeto y su discapacidad NO fue mayor a la competencia que tenía como individuo completo para desarrollarse.

Fue en Chile que nacieron los eventos televisivos del Teletón y ello ha servido para visibilizar a la discapacidad, mas no ha aportado mayor dignidad a las personas con esta condición, ni mayores posibilidades para ejercer sus derechos. Actualmente las leyes han cambiado, centrándose en los derechos y no en el enfoque clínico. Ahora tenemos que cambiar la cultura, pues es el medio social quien genera la discapacidad, a través de convenios y alianzas para la exclusión.

Finalmente, hubo algunas intervenciones del público y habló el papá de Elisa para cerrar con broche de oro. Elisa tiene un hermano mayor y en familia han platicado sobre cómo hubiera sido la niña si no hubiera nacido con síndrome de Down, llegando a la conclusión de que simplemente no sería Elisa, sería otra persona; ella es irremplazable y muy amada.

Gracias Ceci, por organizar este evento, crear el espacio para compartir y aprender con el proceso de Elisa y sus maestros. Muy edificante, nos confirma que compartir es el camino…