A los alumnos que nos han enseñado el valor de aprender todo lo que no sabemos.

Con frecuencia me preguntan qué me llevó a estudiar Educación Especial y a dedicarme con pasión a este oficio, si no tengo un familiar cercano con discapacidad (ahora tengo una sobrina de 6 años dentro del espectro autista).


Mi respuesta es simple: la vida me eligió a través de Rito, un chico con parálisis cerebral que veía en su silla de ruedas desbaratarse de emoción si yo lo saludaba y una mirada de inteligencia pura que no podía expresarse con palabras, sólo con gestos.

Así me inicié en este camino. Yo estudiaba la licenciatura en educación preescolar en Chihuahua capital y cuando iba a mi pueblo (Ciudad Madera, Chihuahua) las ganas de aprender a traspasar esa barrera de la comunicación con Rito iban en aumento. ¿Cómo aprenden estos niños que no pueden hablar? ¿Qué pasaría con la vida de Rito de haber nacido en una ciudad donde hubiera una escuela especial para él? ¿Cómo puede demostrar lo aprendido? Luego llegó  a mi vida Miriam, una niña con discapacidad motriz en 3º año de preescolar y Mónica, una niña tarahumara que no hablaba español, muy tímida y muy inteligente, que aprendió con una rapidez asombrosa.


Ya terminada la licenciatura, una colega y yo hicimos un censo en la población mencionada, para solicitar servicios de educación especial para Rito y para los niños que pensábamos no pasarían de 20 en ese lugar de 20 mil habitantes (según lo esperado por las cifras oficiales). No había un censo que nos dijera ni cuantas niñas y niños había ni con que tipo de discapacidad.

Para realizarlo, mi colega y yo ideamos una estrategia: buscamos fotos de niños con distintas discapacidades y las mostramos recorriendo los salones de las 5 escuelas primarias de la ciudad haciendo preguntas. ¿Conoces a un niñ@ como este? ¿Dónde lo has visto? ¿Sabes dónde vive? ¿Sabes cómo se llama? Etc.


Cual sería nuestra sorpresa que recabamos datos de 50 niñ@s y adolescentes con discapacidad. Después de visitar a las familias, buscamos apoyos gubernamentales y del Club Rotario para comenzar a trabajar con ellos en turno alterno a nuestras labores de preescolar. Así comenzó el primer Centro de Atención Múltiple del municipio de Madera que continúa prestando sus servicios hasta el día de hoy.

La semilla ya estaba plantada, con tiempo y cuidados tendría que germinar. Ahí había alumnos de todas las discapacidades y dos maestras de preescolar que no sabíamos cómo trabajar con ellos. ¿Cómo enseñar a los niños sordos si no sabíamos lengua de señas? ¿Cómo trabajar con niños con discapacidad múltiple, con parálisis cerebral, con y sin discapacidad intelectual, con síndrome de Down?

Así que nos organizamos para conseguir recursos que pudieran ayudarnos en la capacitación. Y la forma de hacerlo fue preparar la dramatización de un cuento con los niños con discapacidad como protagonistas del mismo, pues no sólo se trataba de conseguir dinero sino de hacerlos visibles a los ojos de todos los demás. Había alumnos desde los 4 años hasta los 18, con distintas discapacidades y todas estas familias provenían de estratos sociales y culturales diversos. Sin embargo, todos tenían algo en común: el dolor de no encontrar un lugar de dignidad dentro de la comunidad donde sus hijos pudieran ser vistos y existir en relación con los otros.


El día del estreno, los alumnos de las primarias que los habían reconocido fueron los primeros asistentes en participar como público e invitaron a sus padres y hermanos. La gran ganancia de este evento fue que las familias pudieron ver, en sus hijos, niños con derecho a pertenecer, niños con capacidad de aprender y compartir sus fortalezas para dar y darse a la comunidad.

El cuento dramatizado fue “El Medio Pollito” con Ignacio, Alfonso, María, Rito y muchos más como protagonistas. Ellos fueron, en esa ocasión, el inicio de muchos más niños y niñas, por los que nos entusiasmamos cada día, pues nos enseñan el valor de tener un lugar: logran humanizarnos y sensibilizarnos con la riqueza de la diversidad humana.


Esta experiencia marcó el inicio de lo que hoy es Declic, donde nuestra visión es justamente compartir herramientas para crecer y pertenecer. Y hoy compartimos este material que nos regaló el Profr. Vladimir, de una escuela multigrado que trabaja en un pueblo de Nuevo León. Nosotros solo le agregamos el alfabeto fonético gestual para facilitar su utilización con nuestros alumnos.

Son varias fotos que pueden descargar y utilizar para enriquecer sus aprendizajes.































































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