El derecho a la inclusión educativa y el derecho al aprendizaje

El derecho a la inclusión educativa y el derecho al aprendizaje


Mtra. Adriana Pérez Carreón
Desde los 32 años he trabajado como maestra de preescolar y educación especial en zonas marginales, rurales, y urbanas . Primero en escuelas públicas estatales y federales, con niños de familias en pobreza cuyo reto principal era la sobrevivencia y en escuelas privadas con mayores recursos materiales, educativos y humanos.
En todos estos años hacer realidad la inclusión en el grupo, de todos los alumnos –con y sin discapacidad- ha sido una constante, un reto, una manera de darle sentido a esta gran tarea llamada Educación.
Educar viene de la raíz latina “Educere” que se divide en ex(fuera de) y ducere (guiar conducir) que significa, guiar a la persona para que saque lo mejor de si, todo su potencial, desde el corazón de los alumnos, cualquiera que sea su condición.
Hoy he pasado por el Centro de Atención Múltiple no. 1 en Cd Madera Chih. Mismo que me tocó fundar. He visto niños y jóvenes con discapacidad desde preescolar hasta laboral. También he estado en la primaria y secundaria José María Morelos, donde aprendí muchísimo de lo que me sirve en la vida: el amor a la lectura, a las matemáticas, la historia, la naturaleza, a ampliar mis horizontes al saber que el mundo es más ancho y largo más allá de mis montañas, a resolver conflictos entre mis compañeros, aprendí a asumir retos, a amar, admirar, respetar y obedecer, y también a cuestionar lo que decían mis maestros.
Aprendí que no todos aprendemos de la misma manera y a la misma velocidad. Recuerdo en especial a un compañero de la primaria, Ramiro Ocaña, que era muy lento en todo, en el hablar, el caminar, el resolver una simple suma. Recuerdo su expresión de frustración cuando no podía contestar y su incesante esfuerzo por seguirnos en el ritmo del grupo, sin poder sentirse plenamente parte. Hoy se que Ramiro tenía discapacidad intelectual pero para nosotros y nuestros maestros de primaria, el era así, muy lento, el “burro del salón” nada más. NO se hablaba ni de discapacidad, ni de inclusión , y mucho menos de ajustes curriculares o de currículum universal.
¿A qué viene todo esto? Hoy en Declic tenemos alumnos con discapacidad intelectual, muchos con síndrome de Down, que inician nuevo ciclo escolar en su derecho a la inclusión, en distintos colegios, desde preescolar hasta secundaria. Y con la experiencia de los 30 años recorridos puedo reconocer que con muchos de ellos, como docentes, nos hemos equivocado en la forma de ejercer ese derecho.
Y aquí no hablo de barreras de acceso, si de actitud, si hablo de barreras metodológicas. Hemos priorizado el derecho a la inclusión por encima del derecho al aprendizaje, a sentirse exitosos, motivados para seguir aprendiendo nuevas palabras, nuevos problemas, nuevas historias, nuevas maneras de ver el mundo.
¿Cuál es el objetivo final de levantarse cada mañana e ir a la escuela durante 185 o 200 días del año? Aprender para que seas “alguien” en la vida. Para que tengas un trabajo mejor que el de tus padres, una licenciatura, una maestría, un negocio, una profesión. Primer gran error de actitud. Nuestros alumnos, ya son “Alguien”, son personas íntegras en todo su valor, y con todos sus dificultades y retos. No son personas “en proceso” de valer mas cuando lean, escriban o cuenten dinero. Son personas con derecho al aprendizaje. Son valiosos porque son personas, se comunican, con gestos, con sonidos, con pictogramas… o con palabras. No son personas descompuestas, son personas porque les damos ese valor, creemos en su valor, les escuchamos en “su” lenguaje, que no es media lengua, es un lenguaje humano, nos expresan sus ideas, sus gustos, sus ocurrencias, sus necesidades. ¿Les escuchamos? Para ello tenemos que cambiar nuestra mirada sobre la comunicación. Cuando Ana, al llegar al salón, señala la pelota, y solo dice “ta” yo tengo dos opciones: ignorarla en su comunicación, porque estoy muy ocupada o escucharla y validarla.
— ¿Quieres la pelota? … (escucho su respuesta)
— sí (responde con la cabeza)
— la tomo de la mano y la llevo a la agenda con pictogramas para mostrarle el que indica la hora del recreo y le digo: “cuando salgas al recreo, te daré la pelota. Ahora toca trabajar en tu mesa”.
— Ana comienza a querer llorar (responde con el inicio del llanto)
— Le pido a una amiga que la tome de la mano, la acompañe a su lugar y se siente con ella, sacando su cuaderno -contención física-.
— Ana se calma y comienza la clase.
También puedo darle la pelota para que deje de molestarme, pero molestará a todo el grupo. O bien, puedo decirle: “no es ta, es pelota, mira mi boca, repite: pe-lo-ta” y ahí invalido su comunicación, le impongo la mia.
¿Que aprendió Ana en el primer y segundo ejemplo?. En el primero a tolerar la frustración de querer algo en el instante presente, aprender a esperar, habilidad tan necesaria para la vida. Y además aprendió que yo la entendía, que la tomaba en serio. En el segundo aprendio que su forma de comunicarse es errónea, y todo lo que ello tiene como consecuencia en las interacciones humanas.
Este es sólo en el plano de la comunicación, la punta del iceberg. Que hay más allá en cada una de las asignaturas y contenidos curriculares? No nos pasa algo parecido? Este es otro gran error. En la cultura colectiva, los planes y programas de estudio de la educación básica están diseñados para que los alumnos sigan la preparatoria y luego la universidad. Y alumnos con discapacidad, la gran mayoría podrán estar en escuelas regulares solo hasta la primaria, algunos en la secundaria y muy poquitos en la prepa, alguna excepción para la universidad. Con todos los apoyos que familiar y escolarmente podemos darles, el sentido de su educación de los 0-18 años es que aprendan a ser independientes, que se valgan por si mismos. Eso es lo que expresan los padres cuando les preguntamos que quieren de sus hijos en la edad adulta. Esa es su gran preocupación… y para muchos, cuando esa edad llega, su gran frustración.
Este es un segundo gran error que cometemos los docentes. Olvidamos el sentido verdadero de la inclusión: que aprendan para la vida. Y la vida de un alumno en secundaria no puede ser la repetición de la primaria, seguir intentando aprender vocales y las primeras silabas y palabras que le llevan enseñando desde los 7 años cuando ya tiene 15!
Y la vida de Rafa en 3º. De secundaria, no puede ser ponerse a copiar del pizarrón, letra por letra, la fecha, que sus compañeros hacen en 5 min y a el le toma media hora. Y así con los cuestionarios que le dejan contestar, cuando no puede escribir, solo copiar letras y los termina haciendo la mamá o el hermano, y el hacer en maqueta la tabla periódica de elementos cuando en su vida ha escuchado la palabra “química, selenio, magnesio” sin embargo ha escuchado y le interesa ponerle más sal a la sopa, la espuma del refresco cuando lo destapas, el azúcar que se disuelve lentamente en la limonada y los hielos de agua que se van derritiendo, el jabón con el que se lava las manos. Y esto es la “Química” en su vida.
Así, la vida real puede aprenderse, estudiarse en el pizarrón, en un libro, en un cuaderno, ajustando contenidos claves, aprendizajes esperados, bloques, actividades y evaluaciones. Así, aprender es divertido, tiene sentido, vale la pena esforzarse. Porque lo que se aprende es la habilidad de pensar, de comparar, de comprender, de resolver de donde viene la espuma del refresco y del jabón al contacto con el agua, y entonces la respuesta da gusto encontrarla, tanto gusto, que puedo compartirla, que puedo comunicarla en casa a la hora de la cena, que quiero decir realmente “que aprendí hoy en la escuela” y mañana quiero volver a levantarme para aprender una cosa nueva.
El tercer gran error entonces, es querer someter a nuestros alumnos a un programa curricular hecho para ir a la prepa y a la universidad, demeritando sus habilidades de aprendizaje para la vida. Haciéndoles repetir de memoria palabras y frases que no entienden ni les interesa entender. Confundimos los ajustes curriculares como ajustes en la cantidad, o les damos contenidos de un ciclo escolar inferior solamente, y no en las formas, en la metodología.
Cuando María (S Down) entró a segundo de primaria, sin saber leer, escribir y contar, el único camino que encontró su maestra para ponerla a trabajar fue pedirle a su mamá que comprara los libros especiales de preescolar para que ella los hiciera en 2º. de primaria. (Juguemos a leer, por tercer año consecutivo o la magia de las letras, o el gran libro de las matemáticas). María no es tonta, y no quiere trabajar en esos libros, ella quiere el mismo que sus compañeros, Entonces la maestra la puso a “hacer como que escribía, como que leía, como que contaba” a imitar con bolitas y palitos la pseudografías, para no meterse en problemas con María. Y con ello renunció a otorgarle a María el derecho al aprendizaje, aunque estaba ejerciendo su derecho a la inclusión en una escuela regular, en un aula regular.
Por último, quiero poner la atención sobre el error más grande de todos: creer que los que sabemos somos nosotros los docentes. Con buena intención, creemos que los niños no saben, porque tienen discapacidad. Que los padres no saben, porque no son profesionistas de la educación (hay padres con doctorados en la vida al enfrentar, asumir, estudiar, buscar y conocer sobre la discapacidad de sus hijos) o porque no lo han aceptado, y quieren que nosotros como docentes hagamos del milagro de volver a sus hijos “normales” por estar en una escuela regular. Es el error de la soberbia, de encerrarnos en nuestras viejos hábitos, en nuestras prácticas conocidas, cuando ese niñ@s tienen la llave para sacarnos de nuestra zona de confort y llevarnos a nuevas tierras de aprendizajes. Pero nadie aprende solo, se necesita humildad para reconocer que no se como hacerle, y buscar ayuda, buscar a quien por su experiencia, ha probado que sabe mas que yo. Buscar a la maestra del ciclo anterior de este alumno con discapacidad, para aprender de su conocimiento de todo un ciclo escolar, más allá del informe de una hoja que sintetiza diagnóstico y algunos datos generales. Los niños no se pueden encerrar ni en un diagnostico ni en un informe de una hoja.
A María le interesa mucho más los insectos que las vocales, le gusta mucho más contar monedas para comprar en la tiendita que copiar números. A María le gusta jugar con material concreto, y hacer figuras con las regletas Coussinaire y es muy buena para bailar, para imitar pasos, para manejar su cuerpo, es muy expresiva en sus gestos, por lo tanto podemos descubrir una buena habilidad de conciencia del esquema corporal y ubicación espacial que son básicas para desarrollar el método fonético gestual para el aprendizaje de la lectura.
Y claro que quiere usar los libros que usan sus compañeros… pero no para imitar la lectura o escritura, sino para aprender a leer y escribir! María lee imágenes, María comunica lo que ve en las imágenes con sus sonidos, gestos y terminación de palabras. A María “le interesa” aprender de esas imágenes de mariposas y hormigas que vienen en su libro de conocimiento del medio.
Poco a poco, para María, esas imágenes la introducirán en el método fonético gestual y en el mundo de las palabras escritas. Primero palabras con sílabas directas, resaltadas en rojo, como la hormiga, el chapulín, etc.
Resumiendo: no podemos ejercer el Derecho a la Inclusión suprimiendo el derecho al aprendizaje. La Educación verdadera saca lo mejor de cada ser humano. Eso es educar. Un diagnóstico no explica toda la persona. Es necesario evaluar, valorar, comprender, conocer la condición de cada persona con discapacidad. Sin embargo, cuando el diagnostico se convierte en la justificación docente para que el alumno no tenga oportunidades de aprendizaje, es una barrera enorme para ejercer el derecho a la educación.
Es muy claro cuando esto sucede: “Ana de 16 años, DX Discapacidad intelectual, NO puede hablar, leer, escribir, contar, caminar sola por la calle, mantenerse sentada por mas de 10 min, y así una larga lista… cuando el diagnósitico se centra en todos nos NO s de Ana y se olvida de Ana como persona, es una barrera no una herramienta. Que SI puede hacer Ana, que SI comunica, que SI aprender, que le interesa, le gusta, quiere, necesita… el reporte que explica estas preguntas, sin borrar u olvidar los retos que Ana presenta por su condición, ese es un verdadero diagnósitico.

Este es otro tema a profundizar. Lo hacemos en nuestro curso de valoración. 

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